Análisis/ÚLTIMAS ELECCIONES

Europa en el debate catalán

El rol de la Unión Europea fue objeto de debate durante la campaña electoral catalana. No queda claro cuál debe ser el papel de las instituciones comunitarias en procesos de secesión internos. Y tampoco cómo se percibe el proceso en el resto de Europa.

Por: Iu Andrés

La cobertura de las elecciones del pasado domingo en la prensa europea refleja que hay preocupación en el continente por este tipo de procesos y que el caso catalán, así como el escocés, se percibe, quizá por primera vez, como factible, como una posibilidad real que puede desafiar el orden territorial de muchos estado miembros.

La mayoría de diputados surgidos de las urnas estarían a favor de una consulta sobre el futuro de Catalunya (107 de 135). Es incierto como se van a establecer las alianzas necesarias para ello, pero todo parece indicar que el proceso soberanista seguirá adelante. Los medios de comunicación españoles hicieron hincapié en el fuerte revés electoral que sufrió CIU a pesar de la victoria. Pero la prensa europea e internacional optó por la consolidación del independentismo como lo más destacado de la contienda electoral.

Catalunya mira a Europa, la Unión Europea ha estado en el centro del debate durante toda la campaña. Pero Europa también mira a Catalunya, en algunos estados miembros se percibe con inquietud la situación política catalana.

Si el proceso sigue adelante la UE deberá pronunciarse. Aceptar automáticamente como estado miembro a una Catalunya independiente podría suponer una grave crisis institucional por el presumible rechazo de España, pero también de Grecia o Chipre, y de otros estados miembros reacios a sentar tal precedente. El mecanismo de adhesión en caso de separación no está contemplado en los Tratados de la UE. Pero dejar a los catalanes fuera de la Unión, ponerlos a la cola de los estados candidatos, supondría desposeerlos de su ciudadanía europea, algo que tampoco contemplan los Tratados.

Todos los partidos políticos catalanes han incidido en que el proceso debe hacerse en el marco de la UE. Es más, algunos políticos, como Marta Rovira, la número dos de ERC, confiaban que, con una mayoría ciudadana clara, la UE ampararía el proceso. Por el contrario, José Manuel García-Margallo, el ministro español de asuntos exteriores, dio por hecho que la independencia dejaría Cataluña fuera de la UE.

Las opiniones de destacados miembros de la Unión no aclararon el debate. El comisario de la competencia, el español Joaquín Almunia, dijo en Barcelona que no era honesto decir que Cataluña quedaría fuera de la UE. Al cabo de unos días rectificó y afirmó que si un solo estado miembro se negaba, sí se produciría tal exclusión. Lo mismo pasó con la comisaria de Justicia Viviane Reding. En unas declaraciones a un diario español negó que la legislación internacional contemplara la expulsión de Cataluña de la UE. Unos días más tarde no rectificó pero matizó estas declaraciones, esta vez en nombre de la Comisión, y dijo que no interferiría en asuntos internos de un estado miembro, y que no se pronunciaría ante tal circunstancia hasta que ésta no se confirmara.

Si se analiza la posibilidad real de secesión en el seno de la Unión Europea es inevitable no referirse al caso escocés. Un informe elaborado por Graham Grey, director general honorario de la Comisión, y aprobado por el Parlamento Británico, establece que una Escocia independiente debería adherirse de inmediato a la Unión Europea. Pero, si bien es cierto que las autoridades británicas han negociado y aceptado la celebración de un referéndum, a diferencia de las españolas, según el argumento del derecho a veto, cualquier estado miembro podría bloquear la adhesión, aunque el Reino Unido aceptara explícitamente.

A pesar de que el derecho a veto es cada vez más reducido (el Tratado de Lisboa aumentó considerablemente el decision-making por mayoría cualificada), en muchos ámbitos se sigue exigiendo la unanimidad de los estados miembros. Esto ha sumido la UE en alguna de sus grandes crisis institucionales, como la intervención de algunos estados miembros en la guerra de Iraq en 2003. O las dificultades actuales para consensuar una política fiscal.

El caso de Kosovo no ha lugar a comparaciones con el catalán y el escocés, pero es un ejemplo significativo de las dificultades de la UE para establecer una postura ante ciertos retos territoriales. La UE mantiene negociaciones con Kosovo para una eventual adhesión del estado balcánico. Pero hay algunos estados miembros, entre los cuales España, que no han reconocido Kosovo como estado, y que vetarían previsiblemente un ingreso de éste en la UE.

¿Cómo afectan a una Unión Europea acechada por graves problemas económicos los procesos que desafían su orden territorial? ¿Cómo debe reaccionar la UE ante una mayoría clara que exige cambios en el statu quo? ¿Puede o no la UE entrometerse en asuntos internos de sus estados miembros? ¿Son realmente factibles los casos catalán y escocés? ¿Es consciente la opinión pública europea de tal posibilidad?

Son muchas las dudas que suscita un proceso de estas características y que carece de precedentes. Las autoridades comunitarias no se pronuncian. El gobierno británico se muestra favorable a un proceso, si es democrático. El gobierno español se opone de forma tajante a cualquier debate. Y es incierta la reacción de otros estados miembros.

La prensa prepara el terreno a la opinión pública para el debate. En Inglaterra, por ejemplo, The Guardian informaba en directo de la “mayoría separatista” surgida de las elecciones, en el marco de un seguimiento sobre la crisis en la eurozona. La BBC hizo un seguimiento especial y destacó que el resultado electoral confirmaba una mayoría a favor de la independencia por lo que Catalunya mantendría su intención, como Escocia, de celebrar un referéndum.

En Alemania, Frankfurter Allgemeine titulaba que “los electores catalanes refuerzan el separatismo” y el Suddertsche Zeitung que “el separatismo gana”. En Escocia el Herald Scotland también destacaba la victoria del independentismo aunque recordaba el castigo electoral a Artur Mas.

Los titulares tuvieron otro tono en Francia. Le Monde acudía a un experto en geopolítica, Cyril Trépier, para justificar, a partir del retroceso de Artur Mas, que la independencia no ganó. También Libération prefirió destacar el “castigo a la austeridad” de los electores. Y un politólogo catalán explicaba al rotativo francés que los resultados hacían que el proceso fuera prácticamente imposible.

Rafael Jorba, periodista político catalán, opina que la divergencia de puntos de vista en la prensa europea responde a una actitud más o menos europeísta. En este sentido, los medios anglosajones serían más proclives a hablar de la independencia y los medios continentales, como los franceses, se mostrarían más cautelosos.

La cuestión europea está en el centro del debate catalán. Las constantes declaraciones cruzadas entre líderes políticos sobre el tema así lo confirman. Y en Europa hay preocupación por lo que está sucediendo en Cataluña. La amplia cobertura por parte de la prensa, desde diferentes puntos de vista, coincide en dar relevancia al proceso, que cada vez más se percibe como una opción real. El debate está saliendo de las fronteras españolas.

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