PENSIONES EN CRISIS/Reportaje

El fin del Estado del bienestar

Hasta ahora los pensionistas parecían sortear las políticas de austeridad, pero los recortes han llegado a sus pagas. Los testimonios de Antonia e Isabel evidencian las dificultades de este colectivo que, lejos de disfrutar de la jubilación, sufre al tener que asumir el sustento de hijos endeudados y en el paro.

Por: Teo Camino Rodés

Isabel Medina tiene 71 años y perdió a su marido hace 35. La pensión de viudedad de 352 euros no era suficiente para criar sola a dos niñas y se puso a limpiar en el Teatro Condal. Trabajo durante 20 años hasta que la empresa quebró y perdió su empleo. Al no encontrar trabajo, optó por la jubilación anticipada.

Pero los números no le salían. “Mi pensión era ajustadilla. Pude ir tirando hasta que un ERE dejó a mi yerno sin trabajo. Entonces, para ayudarles, tuve que ponerme a trabajar de nuevo. Por las mañanas voy dos horas a una portería y por las tardes limpio una casa. La ONG Amigos del Corral me envía alimentos una vez al mes y yo le mando gran parte a mi hija” cuenta Isabel.

Las pensiones, que antes servían para mantener a los ancianos, ahora ayudan a familias enteras para salir adelante. La situación se agrava dado que el precio de la vida sube y las pensiones no se actualizan.

Pareja de adultos mayores pasean por la calle,17/12/12, Barcelona, Melisa Aedo Apara.

Pareja de adultos mayores pasean por la calle,17/12/12, Barcelona, Melisa Aedo Apara.

“Pensaba tener una vejez tranquila y relajada, pero he retrocedido 40 años en el tiempo. Vuelvo a estar como cuando tenía a mis hijos en casa, angustiada y contando para llegar a fin de mes”, cuenta Antonia López. Toñi tiene 70 años y vive con su marido en un piso de L’Hospitalet de Llobregat, al que llaman el Hotel la sola cama. Cobra una pensión de 587 euros al mes y su marido recibe 1500 euros. Parecería suficiente para una cómoda jubilación, pero todo se complicó cuando Pedro, el mayor de sus cuatro hijos, se quedó sin trabajo.

“Estuvo un año en el paro, viviendo en casa con su hija. Ahora ha encontrado un trabajo en Canarias y viene cada quince días. Y nosotros nos encargamos de cuidar a la niña cuando no está con su madre”, explica Toñi.

Antonia y su marido también están ayudando a sus otros tres hijos: “María está pasando una mala época. Es maestra y le han recortado el sueldo. Vienen a comer a casa con su marido. No tienen dinero para pagar la hipoteca y comer. A Lorena la ayudamos con la hipoteca y le damos 100 euros mensuales para sus gastos. El pequeño, Javi, es interiorista. Ha pasado siete meses en el paro, pero por suerte ahora ha encontrado trabajo como becario. Paga su alquiler, pero viene a comer a casa y le llenamos la nevera”.

Toñi no quiere ni oír hablar de política. “Es una traición”, dice. Ella se levanta temprano, acompaña a su nieta al colegio, prepara la comida para siete u ocho, limpia el piso y, cuando no tiene que ir a recoger la niña al colegio, va a talleres de bolillos o de patchwork. Allí se olvida por un rato de sus preocupaciones, aunque “cuando vuelvo a casa surgen las mismas preguntas: ¿Podré pagar el baloncesto de la niña? ¿Renovarán a Javi o tendrá que volver a casa?”, cuenta con inquietud.   

Esta es la vejez que le ha tocado vivir a Toñi. “A mí me ha pillado de retirada, pero ¿qué porvenir tenéis los jóvenes?, ¿Quién pagará la universidad?, dice con tristeza en los ojos.

Ignacio Fernández Toxo, Secretario General del Comisiones Obreras (CCOO) dijo a principios de diciembre que la decisión presentada por el Gobierno vulnera la Ley de la Seguridad Social. El Ejecutivo subió las pensiones el 1%, mientras que la cifra provisional del IPC del mes de noviembre, fue del 2,9%. Según la normativa, los pensionistas deberían cobrar una paga compensatoria en enero que incluyera el 1,9% de diferencia. Y el gobierno ya ha anunciado que no la pagará. ¿Por qué se ha ocultado esta medida hasta el momento?, ¿No existe alternativa posible a esta problemática situación?

En esta sección:

Joan Gil, profesor de la Universitat de Barcelona, recuerda que la alta tasa de paro ha generado una caída de las cotizaciones y, por lo tanto, de los ingresos. Explica que para reducir el gasto hay alternativas como la de aumentar la edad de jubilación de los 65 a los 67años. Ya se ha hecho en otros países europeos. “Con esta medida la gente va a estar más años cotizando y menos años recibiendo la pensión”.

      Isabel y Toñi son un reflejo de la precaria situación que vive el Estado     del bienestar en España. Ellas, con sus pensiones y con su esfuerzo, han evitado que sus hijos sean desahuciados, pero conviven con la incertidumbre de si un nuevo infortunio hará que sus ayudas dejen de ser suficientes. Los recortes sociales han creado una sociedad pobre. El riesgo de fractura, si no se protegen los colectivos más vulnerables y excluidos, parece más elevado que nunca.

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