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La calle los une por Navidad

En Barcelona hay casi tres mil personas sin hogar. Nuria y Armando son dos de ellos. Duermen en el portal de una tienda del Passeig de Gràcia, una de las zonas más exclusivas de la ciudad. Su historia está pintada de soledad e infortunio: sin casa ni familia. La calle les ha unido esta Navidad.

Por: Anahí Gallardo

Nuria y Armando,14/12/12 Barcelona, AnahÌ Gallardo.

Nuria y Armando,14/12/12 Barcelona, AnahÌ Gallardo.

 

Las luces blancas y doradas iluminan la navidad en el  Passeig de Gràcia mientras los turistas y algunos barceloneses entran y salen de los comercios con bolsas de las firmas más exclusivas. En los aparadores adornados con figuras de Papá Noel, coronas, árboles y focos de navidad resaltan los maniquís que lucen caros abrigos, bufandas  y chaquetas.

El río de gente poco a poco se evapora conforme se acerca el cierre de las boutiques. Armando y Nuria los observan sentados en un banco  con unos cartones  y varias bolsas en las manos. Esperan que cierre la tienda Lacoste.

A partir de las 9 de la noche la entrada de la tienda se convierte en su casa, su refugio y su hogar. Duermen aquí hace poco más de un año. “Antes dormíamos en la Vall d’Hebron, pero allí hace mucho frío. Así que nos dio por ponernos aquí”, comenta Armando, mientras deja sus maletas y pone un letrero en el que pide una limosna.

Nuria y Armando son dos de los 2.800 sin techo que hay en Barcelona según la Red de Atención a Personas sin Hogar. Alrededor de 1.100 personas pernoctan en albergues públicos. Unos 800 duermen en la calle y otros tantos lo hacen en naves abandonadas y vehículos estacionados en descampados.

Para ellos no hay mucho que celebrar en estas fechas aunque esperan recaptar algo de dinero para pasar la noche buena y el año nuevo en una pensión. “Para mí la navidad es un día más”, dice Armando, que ahora tiene 51 años. Estuvo de prisión en prisión durante 10 años: de Logroño a Valencia, después a  Cádiz, Lugo, Orense y Madrid. Cumplió  condena por 23 robos que cometió a  bancos y cajas de ahorro en Zaragoza, su ciudad natal.

Nuria cuenta ahora 46 años y la navidad también pasará inadvertida para ella. Precisamente por estas fechas, cuatro años atrás, murió su hermano en un accidente automovilístico. “Una cabeza por ahí, una pierna por allá, la moto rota y yo pidiendo a mi hermano que por favor no muriera. Me dio un shock de ansiedad” cuenta con la voz rota. Los padres murieron meses después por problemas de salud y sus otros hermanos vendieron el piso. Dejó su trabajo de panadera y la calle la recibió.

“Yo empecé a atracar –cuenta Armando- porque dos compañeros me lo propusieron en el año 1985. Pense en probarlo y salió bien.” Se gastó ese dinero y se fue a otro cajero. Armando cuenta su historia mientras sostiene un colchón que alguien dejó metros más adelante. “Durante el tiempo que estuve me la pasé jauja. Tenía un Mercedes y a mi hermano le compré un coche. Tuve una vida de rey hasta que me pillaron. Ahora no tengo nada”.

Para Nuria las cosas eran aún peores cuando vivía sumergida en la droga. “Con la tontada de las drogas le pinché el monedero a un extranjero. Él cogió su cinturón y ¡raz! Me pegó y me tuve que ir”. Dice que sus años de rebeldía han quedado atrás: “Voy limpia, ya no soy como antes. La calle me hizo cambiar, antes era de ¿qué me miras? Ahora que me miren lo que quieran, me da igual.”

Con la cena en la cana, 14/12/12 Barcelona, AnahÌ Gallardo.

Con la cena en la cana, 14/12/12 Barcelona, AnahÌ Gallardo.

Mientras Armando estuvo en la cárcel murió su madre y su esposa se volvió a casar. Tiene una hija pero asegura que no la quiere molestar y menos en estas fechas. “Nada más la llamara vendría, pero ha rehecho su vida. A los 4 años me dijo “Adiós papá” y me quedó grabado con fuego”, recuerda con la voz entrecortada.

Nuria tiene seis hermanos y un hijo de 26 años, pero no quieren saber nada de ella. “Mi hijo está con su familia, con su mujer y su hijo.  Me dice que me defienda solo que ya voy para los 50 años. ¡Pare hijos y te sacarán los cuernos!”.

Armando asegura que ya no le interesa la vida fácil y que su condena está saldada pero la vida aún le sigue cobrando factura. “No lo volvería a hacer, la vida que llevamos ahora es muy jodida”. Al salir de la cárcel, ha tenido algunas ayudas económicas: los primeros seis meses una ayuda de excarcelación de 520 euros mensuales. Luego el paro, durante once meses, 420 euros mensuales. Después de medio año sin cobrar nada se pueden volver a pedir las ayudas hasta tres veces. Y él ya hace cábalas: “Ahora no me dan absolutamente nada pero en unos meses me darán 420 euros”.

Nuria también percibe una ayuda, “por eso yo no pido dinero”, aclara. Una pensión no contributiva de 350 euros mensuales. “Me dieron la ayuda porque estuve en un psiquiátrico encerrada. Estaba muy nerviosa y no tomaba la medicación.” Con el dinero a veces se va a una pensión, otras se va a Girona o a Tarragona. Antes lo despilfarraba en drogas y vino. También ha buscado algun empleo, pero con los medicamentos que consume es dificil que lo encuentre: “Estoy con la metadona porque antes me pinchaba mucho yo,  heroína”.

Armando también lo gastaba en alcohol y fiestas. Asegura que ha intentado buscar trabajo de albañil, su profesión antes de que atracara los bancos, pero que siempre lo rechazan a causa de su edad. Ahora su pasatiempo es leer, lee la biblia. Se cubre con una delgada cobija color guinda. Y no se quita la chaqueta ni su gorro para hacer frente a las  bajas temperaturas.

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Para Nuria, la cobija azul y su chaqueta negra son mejores que los albergues. “No voy a ir a un albergue. Te lo roban todo. Me han robado 4 bolsos en un año”, se queja. Aunque sí acude cpn frecuencia al Centro de Atención y Seguimiento de las Drogodependencias de la Vall d’Hebron,  para ducharse y a cambiarse de ropa.

“Esto es para ustedes”, interrumpe una chica italiana con una caja de chocolates en las manos. “Muchas gracias cariño, hoy estamos de suerte”, contesta Nuria con una sonrisa de oreja a oreja mientras los guarda cuidadosamente en una de sus bolsas. “Hay gente amable y hay gente que  nos mira mal. Pero a mí que no me miren mal porque yo soy como tú.”

Aunque en las vidas de Nuria y Armando hay mucho dolor y arrepentimiento, la calle los unió. Ésta será la primer navidad que pasen juntos como una pareja y aseguran que todavía tienen la esperanza de empezar una nueva vida,  trabajar y conseguir un piso juntos.   “Me gustaría tener un techo, salir de aquí. Todo mundo se ríe de nosotros y nos miran con desprecio”, dice Nuria. “Cuando ya tengamos la paga no la vamos a gastar, la vamos a meter en el banco. Así, en tres meses ya podremos coger una casa”, añade Armando.

Mientras sus sueños se cristalizan aseguran que aun viviendo en la calle no dejarán de sonreír. “Yo prefiero sonreír a la gente, no quiero que noten mi tristeza, una sonrisa que no falte.”

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6 pensamientos en “La calle los une por Navidad

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