Análisis/ÚLTIMAS ELECCIONES

El incremento de la participación sentencia el proyecto de Mas

El resultado de las elecciones autonómicas catalanas celebradas el pasado 25 de noviembre ha alejado a Convergència i Unió de la mayoría excepcional que reclamaba. La federación nacionalista se mantiene cómo el primer partido de la cámara pero ha perdido 12 escaños.

Por: Dani Sorolla

Una primera lectura de los resultados indica que los electores catalanes no han respaldado el plan soberanista de Mas y le han asestado un inesperado revés en las urnas, lo que obedece a una conjunción de factores que ninguna encuesta supo detectar. Lo que se ha hundido en estos comicios es el proyecto personal del presidente de la Generalitat, no así el soberanismo, que se mantiene mayoritario en el hemiciclo catalán. El candidato nacionalista no ha logrado el objetivo que motivó el adelanto electoral: capitalizar entorno a su liderazgo la masiva movilización que el pasado 11 de setiembre reclamó la independencia de Cataluña. Sin embargo, ha provocado un “efecto llamada” a los votantes que no comulgan con sus tesis, que han acudido a los colegios electorales a votar en contra de su plan.

El retroceso de CiU no puede analizarse sin tener en cuenta la elevada participación que se ha registrado en estas elecciones, la más alta de la historia en unas autonómicas catalanas. En estos comicios, se ha situado en el 69,5%, más de 10 puntos por encima de la que hubo en las elecciones del 2010.

Artur Mas en un acto de campaña, Barcelona, Teo Camino.

Artur Mas en un acto de campaña, Barcelona, Teo Camino.

Sin embargo, en contra de lo que pueda parecer, el partido de Mas tan sólo ha perdido unos 80.000 votos respecto a las autonómicas del 2010, una cantidad que no puede ser considerada como un descenso significativo. Esto indica que el problema de CiU no ha sido la fuga de votos de su electorado, que en buena parte se ha mantenido fiel, excepto los sectores más conservadores, sino en el hecho de que no ha sabido ganar para su causa a los más de 500.000 nuevos votantes que se han sumado a esta contienda electoral.

El voto independentista, muy movilizado en estas elecciones, no ha confiado en Mas ni en su hoja de ruta hacia la consecución de un nuevo Estado para Cataluña. El grueso de este electorado ha preferido la opción de ERC, un partido que representa un independentismo más genuino y fiable. La formación liderada por Oriol Junqueras ha doblado sus votos respecto a las últimas elecciones (ha pasado de 219.000 a 496.000 votos) y ha capitalizado la mayor parte del voto secesionista. La razón de la desconfianza de este sector del electorado hacia Mas obedece a la calculada ambigüedad del candidato de CiU en el tema de la independencia, una palabra que se ha resistido a pronunciar, y que ha sustituido por eufemismos como “Estado propio” o “plenitud nacional”. La credibilidad de Mas ante el votante independentista también se ha visto afectada por los constantes pactos del presidente de la Generalitat con el PP, una fuerza radicalmente contraria a las tesis secesionistas, en esta última legislatura.

La oleada participativa que ha marcado estas elecciones también ha movilizado un electorado contrario a la deriva independentista de Mas. Es el caso de los votantes de los municipios del llamado “cinturón rojo” de Barcelona, tradicionalmente abstencionistas en los conclaves autonómicos, pero que en esta ocasión han ido a votar en masa contra de las tesis de Mas. Por ejemplo, en poblaciones como Cornellà o l’Hospitalet del Llobregat, donde CiU obtuvo el segundo puesto en las pasadas elecciones, la federación nacionalista se ha desplomado hasta la quinta plaza, en gran parte debido al incremento de la participación. Ciutadans, que ha triplicado su presencia en el parlamento, y el PP, en menor medida, han sido los principales beneficiados de este aumento del voto en la periferia barcelonesa.

Estos comicios también han dejado patente que la mutación independentista de Mas ha asustado a los sectores más conservadores de CiU, que en el último momento se han echado atrás y han preferido no embarcarse en la aventura secesionista. Desconcertados y temerosos ante la incertidumbre que genera el proceso abierto por el candidato nacionalista, han optado por no darle su apoyo en esta ocasión. Dentro de este sector, que concentra grandes empresarios y parte de la burguesía catalana, es donde podemos situar la mayor, aunque no muy significativa, parte de los  apoyos que ha perdido CiU en estas elecciones.

Finalmente, los recortes aplicados por Mas, con el apoyo del PP, a lo largo de sus dos años de gobierno al frente de la Generalitat también le han pasado factura y han sido otro factor clave que ha mermado su apoyo en las urnas. La persistencia de la política de ajustes del ejecutivo de CiU ha alejado a muchos potenciales votantes que, estando de acuerdo con el plan de Mas, no le han brindado su apoyo para no ser como cómplices de los draconianos recortes que están afectando la vida de los catalanes. Muchos de estos electores han optado por ERC, netamente a favor del proyecto soberanista, pero contraria a las políticas económicas de CiU. Otros han apoyado a la CUP, una formación independentista de izquierdas que ha irrumpido en el parlamento con tres escaños.

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